Finlandia y Suecia podrán unirse a la OTAN, pero las concesiones a Turquía son altas

Dado que Turquía es objeto de numerosas sanciones europeas tras su intervención en Siria, Libia y su despliegue de fuerzas en el Mediterráneo oriental contra Grecia y Chipre, el presidente Erdogan sabía que las de Finlandia y Suecia serían, para él, un formidable medio de presión para atenuar estas sanciones, y forzar la mano de los dos países escandinavos en su apoyo a los movimientos kurdos. En tenant ferme sur son opposition à l'adhésion des deux pays à l'Alliance Atlantique, RT Erdogan est en effet parvenu à ses fins, et si les communiqués officiels se félicitent de la levée du veto d'Ankara pour ces adhésions, ouvrant la voie à un processus accéléré d'adhésion afin de répondre à la menace russe grandissante, Stockholm et Helsinki, mais également les Américains très probablement, ont du céder à de nombreuses exigences turques, dont certaines n'iront pas sans poser certains problèmes dans leur mise en obra.

Las demandas turcas cubrían varios puntos, todos los cuales fueron aceptados por suecos y finlandeses durante las negociaciones celebradas al margen de la cumbre de la OTAN en Madrid. En primer lugar, Ankara exigió el fin del embargo sueco sobre la entrega de sistemas de armamento a Turquía y que los dos países escandinavos comiencen una cooperación de defensa tecnológica con la industria turca. Esta solicitud es significativa, ya que en ciertas áreas permite eludir las sanciones aplicadas por otros países europeos que perjudican el esfuerzo industrial y tecnológico de defensa contratado por RT Erdogan durante quince años. Este es particularmente el caso de las tecnologías de propulsión naval y submarina, así como de ciertos materiales compuestos y aleaciones de alta tecnología que faltan en Turquía para la realización de ciertos programas, como el tanque Altay.

Estrella de Eurosatory 2018, el programa de tanques pesados ​​Altay de Turquía ha estado en suspenso desde que algunas tecnologías europeas fueron embargadas a Turquía.

En segundo lugar, Suecia y Finlandia se comprometen a dejar de apoyar los movimientos políticos kurdos de las YPG y a seguir una política firme contra las organizaciones terroristas kurdas que amenazan a Turquía, en particular el PKK. Sin embargo, Helsinki y especialmente Estocolmo habían tomado posiciones benévolas con respecto a la diáspora kurda, en particular al dar la bienvenida a los líderes de las YPG y los Peshmergas. Este punto será especialmente crítico en Suecia, ya que el gobierno de Magdalena Andersson solo resistió hace unas semanas una moción de censura gracias al apoyo de MP Amineh Kakabaveh de origen kurdo y ella misma una ex peshmerga, esta última habiendo dejado en claro que este apoyo político estaba condicionado al apoyo nacional sueco a la causa kurda. Además, Ankara obtuvo de Estocolmo y Helsinki la garantía de que los dos países escandinavos responderían favorablemente a las solicitudes de extradición turcas de posibles líderes de movimientos terroristas, lo que no dejará de provocar importantes oleadas de protesta en ambos países, tanto a nivel político como social.


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